lunes, agosto 26, 2013

Muñeca Inmóvil




- Hi miss Alice,
To whom are you throwing love to?
-


El rumor de tus tacones atravesando el cuarto, me despertó a la más grotesca resaca que he sentido en mi vida. Partiste tan deprisa que olvidaste aquél afrodisíaco balconnet púrpura entre las sábanas del catre.

Yo intentaba disipar el mareo en mi cabeza, afortunadamente encontré una botella de Whisky herida en su orgullo por el rubor de tu lápiz labial.

Siempre me decías que eras un ángel, y ciertamente lo eras.

Nunca te afectó la ausencia de tus alas, ni tampoco te afectó la modestia de aquel pequeño balcón donde juguetonamente desnudabas tu irreal silueta. Silueta que añoraba cada vez que el murmullo de tus pasos  subía  las escaleras hacia el último piso.

Siempre me decías que tu alas aparecerían en el momento oportuno, mientras guiabas mis manos por tu dorso desnudo.

Yo sabía que un día crecerían tus alas y volarías lejos de mi balcón.

No te importó la ausencia de tus alas, mientras saltabas desde el balcón.

Abajo, la calle se había transformado en un voluptuoso lienzo sobre el cual, yacía una muñeca inmóvil, recostada sobre un charco de sangre que extrañamente tenía la forma de dos alas.

miércoles, mayo 29, 2013

Piara

"sabes si estas viviendo o agonizando?"

La piara me arrastra frenéticamente hacia la máquina
donde cada uno espera su turno
para ser decapitado

Manchan mi inmaculada camisa blanca
con su sangre negra
mientra sus cabezas ruedan a mis pies
con una sardónica risa

Sus cuerpos continúan dando tumbos
hasta llegar al elevador
donde amontonados presionan el botón
al quinto piso

La puerta se cierra
y entre sus metalicas hojas
un riachuelo carmesí
inunda la oscura fosa
por la que lentamente ascienden...

los cerdos

lunes, diciembre 10, 2012


Entonces el ángel que devoraba mis entrañas
se detuvo a mirar su obra
y dijo:

- Miserable arcilla, no eres digna de las fauces que te desgarran -

y continuó profanando mi cadáver ante los ojos de Dios.

Entonces el ángel que bebía mi sangre
se detuvo asqueado
y escupió:

- Asqueroso cáliz, no eres digno de los labios que te agotan -

y continuó ultrajando mi cadáver ante los ojos de Dios.

Entonces el ángel que abrazaba mi sexo
se detuvo frenético
y gimió:

- Pestilente cieno, no eres digno del elixir que te baña  -

y continuó lacerando mi cadáver ante los ojos de Dios.

Entonces el ángel que miraba en silencio
tomó mi mano
y susurro:

-Triste engendro desciende conmigo al abismo -
y me libró de  mi cadáver ante los ojos coléricos de Dios.